Porque…“La vergüenza puede restringir lo que la ley no prohíbe”.
De innumerables maneras se manifiesta el sentir del ser humano. Es como si los sentimientos fuesen una variable que los tratásemos como en estadística, es decir, como si hiciésemos una indexación, utilizando ese procedimiento de ajuste, mediante el cual esa variable de los sentimientos la modificáramos automáticamente en función de un índice determinado, que deja ver el sentir del momento, de la estación o inclusive, del mismo mes de agosto, cuya realidad se manifiesta de una manera tan cruda, que cualquier forma de expresión oral o escrita, se transforma en una manifestación melancólica, más que simbólica, como una triste realidad que se puede tocar y hasta respirar.
Si el escribir fuese solo eso, sólo un medio de comunicación, no habría problema pero, es más, mucho más que eso. Porque al hacerlo se adquiere una responsabilidad moral y material con los llamados a leer lo escrito. Además, se adquiere una identidad meridiana con las causas que se abracen.
Vivimos el día a día en un verdadero caos moral, mientras unos permanecen mudos, desconectados del problema, otros tantos se aprovechan de este mutismo y se engavillan en tramas y urdimbres mediante un lenguaje político que crea arquetipos en donde todas las podredumbres tienen cabida.
Tener determinada disposición o capacidad de ciertas sensaciones, emociones o aptitudes, más si no son comunes, viviendo en medio de la podredumbre, en un proceso peligroso de una rutina de simulación, es simplemente, casi un suicidio.
Esta rutina de vida se parece al hecho de estar viviendo en medio de orates, pendejos y fabuladores que crean un espacio de nerviosismo moral, donde todo es traslúcido o es opaco, frío como el hielo y tenebroso como la oscuridad. Las hienas preparan sus críos para que desarrollen el mismo tipo de vida salvaje que ellas han vivido y de igual forma, nos quieren entrampar como si este país fuese un reinado o herencia patriarcal. Carajo, ¿adónde llegaremos?
Mientras tanto, no tenemos ni somos nada. Pretendemos ser y no llegamos siquiera a un guión mediocre para televisión. Lo poco a nada que tenemos, por intereses mezquinos tratamos de destruirlo. Qué vaina. No somos blancos, pero queremos y pretendemos serlo. No somos negros, pero el caso es igual, el problema es que no sabemos si somos o qué pretendemos ser.
Queremos estar y ser suizos y no lo somos. Importamos todo de los blancos y todo lo de los negros pero, de nosotros no tenemos ni queremos tener nada, ni siquiera el servicio policial y peor aún, la presencia de unas Fuerzas Armadas, que buenas o malas, en apariencia, nos pertenecen, porque proceden de las mismas entrañas de nuestra sociedad.
Pero muchos, quizás los que más manipulan y utilizan tanto la Policía como a las Fuerzas Armadas, son los primeros que atentan contra su estabilidad. Políticos en primer orden, periodistas, sacerdotes, financistas y hasta faranduleros, se convierten en vampiros, para saciar la sed que les permite vanagloriarse dentro de este circo de farsantes.
Por eso y mucho más, me permito decirles como expresó el presidente Obama con motivo del Día del Veterano, dedicado a los que preguntan ¿para qué sirven los militares?
“Es gracias a los soldados y no a los sacerdotes que podemos tener la religión que deseemos”.
“Es gracias a los soldados y no a los periodistas que tenemos libertad de prensa”
“Es gracias a los soldados y no a los poetas que podemos hablar en público”.
“Es gracias a los soldados y no al Decano del Campus que hay libertad de enseñanza”.
“Es gracias a los soldados y no a los abogados que existe el derecho a un juicio justo”.
Y aunque a muchos les pique y repique, aunque existan policías y militares que manchen el uniforme, -que siempre son los menos-, los militares y policías constituyen la mejor reserva moral de esta sociedad. ¡Si señor!
Ninguna raza puede prosperar hasta que aprenda que hay tanta dignidad en arar un predio como en escribir un poema.Booker T. W.
El Viajero Digital