1 de diciembre de 2022

No son pocas las industrias que han sido duramente golpeadas por la pandemia y, sobre todo por las medidas necesarias para primero contener y luego hacer retroceder los contagios, pero si existe una que ha sufrido más que las demás ha sido la turística, incluyendo los touroperadores, las encargadas de trasladar a los turistas, las encargadas de darles cobijo, entretenerles y alimentarles y las que, como ocurre en el caso de los cruceros, aúnan en sí mismas a todas las anteriores y que han sido noticia hace poco por la venta como chatarra de uno de los cruceros más grandes de la historia, el Global Dream II, como chatarra antes incluso de su viaje inaugural, aunque su nave hermana, el Global Dream, sí que podría cruzar los dominios de Poseidón con miles de alegres turistas en sus tripas en un futuro próximo, si los inquietantes acontecimientos que el mundo está viviendo estos últimos meses así lo permiten.

Una recuperación salpimentada de una buena oferta cultural

Una de las razones más habituales para viajar y que es habitualmente explotada por agencias de viaje, páginas de reservas de alojamiento, e incluso por empresas de cruceros (aunque en estas últimas la diversión que ofrecen los cruceros es una parte importante del negocio) es la de empaparse de otras culturas viajando al corazón de las mismas, o quizás a algún evento especial no centrado en la cultura local sino en una reunión de artistas y obras internacionales, como el próximo festival de cine de Sitges en la pequeña localidad de la costa española del mismo nombre, que a pesar de compartir el prestigio de los geográficamente cercanos festivales de Cannes o San Sebastián, cada año logra atraer a unos 100.000 turistas que además de darse un atracón de cine pueden conocer la costa catalana y sus municipios.

Según datos del Barómetro del Turismo Mundial de la propia OMT (Organización Mundial del Turismo), durante el primer trimestre del 2022, el turismo experimentó un crecimiento ligeramente superior al 180 por ciento con respecto al mismo periodo del 2021, con 117 millones de turistas internacionales frente a los 41 millones del primer trimestre del 2021, periodo en el cual, aunque las restricciones a la movilidad no eran las de los primeros meses de los confinamientos totales, sí que se encontraban muy lejos de normalidad, la cual se está recuperando de forma discontinua dependiendo de cada país, con el levantamiento de medidas tan polémicas como la del pasaporte COVID, o la obligatoriedad del uso de mascarillas, al menos fuera de transportes públicos, algo que puede facilitar enormemente que el flujo de turistas siga aumentando y estimulando de esta forma las economías que reciben a los turistas, pero también a las que envían a los mismos, ya que en ellas se pueden encontrar touroperadores, navieras que fletan cruceros o compañías aéreas que explotan los puentes aéreos que trasladan a los turistas de acá para allá.

Según datos del WTTC (Consejo Mundial de Viajes y Turismo) el sector turístico crecerá durante los próximos diez años a un ritmo que será el equivalente al doble de lo que va a crecer el PIB mundial durante el mismo periodo de tiempo, recuperando el nivel del 2019 para el año 2023.

El sector turístico como pilar de la recuperación

Y es que el sector turístico no sólo alegra la vida de los turistas ofreciendo experiencias que suponen un respiro en el cómodo pero monótono día a día o permitiendo vivir a millones de familias con alguno o varios de sus miembros trabajando en hostelería o transportes, por poner sólo dos ejemplos, ya que algunas de las grandes empresas que forman este sector cotizan en los índices bursátiles más importantes de sus países de origen y la cotización de sus acciones incluso es utilizada en mercados extrabursátiles como los creados por los brókeres online (el inversor siempre debe buscar los que estén debidamente regulados) para operar en trading con contratos por diferencia, los cuales al ser utilizados junto con el apalancamiento conllevan un riesgo elevado y no son aptos para inversores sin experiencia en mercados volátiles. Es decir, la industria del turismo se ha ido convirtiendo con el tiempo en un pilar de algunas de las economías más desarrolladas, desplazando en muchos casos al sector secundario y primario en favor del sector terciario, el cual es dominante en las economías occidentales.

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