Décadas han pasado, y el hedor, continúa sin explicación alguna Porque: La impunidad no puede convertirse, en una herencia.

 

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

Negociar la impunidad de los

corruptos, es hacerse cómplice

de los mismos. –

Algo estaba funcionando mal, a tal grado, que hedía, y gritaban hasta los mamando por esta situación, pero, de un tiempo que no se precisar, o lo pusieron bajo tierra o lo cubrieron con algo más, pero, ese tema -en apariencia- ha sido silenciado.

La cosa es de tal magnitud, que muchos llegamos a creer que constituiría la piedra angular sobre la cual se llevarían a cabo, la mayoría de las cirugías reconstructivas que se han estado llevando a cabo dentro de la nomenclatura del Estado Dominicano y que la espada de la justicia habría sido blandida sobre este enclave de maldad tremendum, pero no ha sido así y el tiempo transcurre en un silencio que entra en contradicción con todo lo esperado.

Y en realidad, este tedio, produce, al igual que la libertad, cambios en el reino de la Paz, porque todo movimiento que realiza el ente humano se produce en concordancia con decisiones morales y su corroboración con lo justo.

Todo esto, porque existe ya -en estos momentos-, un carácter irreconciliable entre las realidades cometidas por las huestes que ocupaban el gobierno pasado, basados en estructuras mafiosas, acciones criminales y las posibles, -reales o no-, negociaciones por debajo de la mesa; para no tocar, siquiera, con el pétalo de una flor, a los cabecillas del desmadre cometido contra el erario.

Ya ha sucedido y quedado demostrado, lo perjudicial de estas acciones mostrencas, ya sea por motivos políticos o temores de una famosa excusa de evitar la “ingobernabilidad” y quizás másridículo aun, los supuestos complots de generales sin tropas.

Hasta ahora, esos son los principales pretextos que se han utilizado para no accionar en contra de la corrupción y las indelicadezas, principalmente, encabezados por el desacreditado Comité, que más bien debería de llamarse: “Asociación para delinquir”, bajo un manto de impunidad y blindaje, como un manto contra la justicia, nunca antes visto en el tiempo que llevamos como República.

Hedía y hiede, quizás porque el vertedero continúa manejándose de la misma manera, aunque con otro ropaje, pero, el resultado que se está viendo, sigue siendo el mismo.

¿Recuerdan el escándalo del asfalto o AC’30 en los tiempos de la última campaña? ¿cuándo intervenían una y otra vez el mismo tramo de la autopista Duarte y a las pocas semanas estaba en igual condición? ¿Cuándo esa misma operación fue llevada a cabo en casi todo el territorio nacional; cuando cubrían un par de cientos de metros con el famoso asfalto y lo dejaban a medio talle?

También, parece haberse olvidado, el escándalo que se produjo con esta acción mafiosa, donde inclusive, se llegó a construir carreteras exclusivas para determinados hoteles y propiedades de narco-políticos.

Hasta la utilización de los recursos de ese famoso ministerio en plena campaña electoral, al parecer y en menos de un año, ha sido sepultado sin consecuencia alguna. Quizás me equivoque y con gusto rectificaría, pero, en tanto, puedo decir que algo estaba mal o funcionaba mal con el asunto del asfalto, tanto en su adquisición como en su utilización.

Pero al parecer, ese modo o empleo del asfalto era el correcto, porque ha continuado haciéndose lo mismo, donde se interviene una carretera, por más ejemplo; Autopista Duarte; Casabito-Constanza; autopista Duarte San Francisco de Macorís, donde por demás y a las pocas semanas, vuelven a lo mismo, pero sin señalizar.

La misma chapucería de trabajo y todo esto, sin preocuparse siquiera por lo peligroso que convierten esos tramos, que parecen bocas de lobos hambrientos, por su oscuridad. Es como si la obtención del asfalto, fuera inversamente proporcional con la compra de la pintura para señalizar y continua el mismo hedor. ¡Sí señor!

 

 

 

 

 

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