26 de febrero de 2024

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

“La sinceridad es una silla

incomoda, en la cual, pocos están

dispuestos a sentarse”.

Nuestros políticos -incluyendo el tigueraje que en las últimas décadas ha incursionado en estas lides- deberían, en su conjunto, sumar centurias de experiencia y entendimiento sobre el comportamiento clásico de este pueblo, pero, no es así. Continúan impertérritos transitando el camino de que ná e ná y de que todo proseguirá de igual manera y, vaya usted a ver, que peligroso error.

Y, deambulando entre temas, podemos decir que en estos momentos, y, desde hace tiempo, el llamado “todo el mundo”, conoce el diagnóstico de que la Policía Nacional, lo que necesita para iniciar una nueva vida, no es que un médico le dé recetas para paliar sus males, más bien, lo que necesita es una operación quirúrgica policial, pero que, hasta ahora, ha sido imposible, debido a que el cirujano llamado a llevarla a cabo, -no aquel desacreditado, corrupto y criminal, de triste recordación y presencia aun-, no aparece y, al parecer, tampoco se sabe dónde encontrarlo.

Para nada es sorprendente que tantos funcionarios, desde la cumbre hasta el más bajo jerárquicamente, pero, que tienen mando, se encuentren tan mal informados sobre asuntos que parecen no tener importancia, pero que, juntos, producen terremotos y caos.

Todo esto, porque inmediatamente alguien ocupa un puesto dentro del Estado, se ve rodeado de oportunistas, alcahuetes y aduladores, con sus propios intereses pero que ponen en los oídos de quien ostente el poder, las cosas que le gusta oír, convirtiendo a este en un enfermo de la mentira, con un eterno padecimiento de algún tipo de sesgo de expectativa.

Pero, ya no nos asombra que dentro de la sodomía social que rodea al poder, se crean animismos las fabulas, mentiras y argucias argumentadas, distanciándose cada día más de las realidades que los circundan, y, claro, hasta que pierden sus estatus y solo entonces reciben la bofetada de la cruda realidad.

Si, me propuse hablar hoy de fábulas disímiles y en apariencia sin conexión alguna, pero, que son todo lo contrario, ya que, simplemente, forman parte del sancocho “desabrío” que nos presentan los políticos como todo un rico manjar. Tanto es así, que son pocos los momentos en que cada uno de estos personajes, sin importar la parcela política a la cual pertenezcan, nos hagan recordar al Dr.

Merengue, aquel personaje de las tiras cómicas, donde el protagonista decía una cosa y su otro yo, que hacía presencia encima de su espalda, decía todo lo contrario.

Las acciones desaforadas de muchos políticos y más cuando se convierten en funcionarios, donde de manera inmediata, comienzan a padecer de Adanismo -como bien lo expuso el periodista Báez Guerrero-, constituyendo esta una de las peores enfermedades que padecen muchos políticos de un tiempo a esta parte.

Todo es la primera vez que se ejecuta y, con eso, llegan a creerse semi-dioses o héroes, cuando no llegan siquiera a peón de camión, siendo lo peor, que tienden a olvidar aquello que les conviene y ha no admitir que están trabajando quizás encima de la zapata creada por otros.

En tanto, todo pasa por debajo de la mesa o de sus pies sin que supuestamente se den por enterado. Es lo que acontece con las diferentes maneras de esclavitud que deberían ver, pero, no lo hacen.

Es cierto que la esclavitud, tal y como la conocíamos, principalmente con los negros, ha cambiado su forma, pero, solo de forma ha cambiado.

Porque, ¿qué decir de aquella que sufren -al menos en este país-, los niños y jóvenes aspirantes a ser jugadores de beisbol y el manejo de estos por parte de vividores -perdón, no quise decir eso-, más bien entrenadores; coach o apoderados? Nada, quizás solo criminal seria la palabra más simple para describir esa situación, donde, son exprimidos aun y tengan cierto triunfo como jugador.

¿Y todos aquellos que constituyen la gran mayoría que fracasan? Simplemente a motoconchar o dedicarse a la delincuencia es lo que hacen y a nadie esto le importa un bledo. ¡Sí señor!

 

 

 

 

 

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