Es el Estado el llamado a controlar los grupos de presión o viceversa Porque: «El que no ama la verdad, es que todavía no la conoce»

 

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

Para ser aceptada como

conocimiento científico, una

verdad debe ser una deducción

de otras verdades.

Aristóteles. –

Hasta ahora, ha quedado demostrado, que el Estado, es el organismo ideal para el desarrollo de ese animal político, que llamamos hombre. Pero, para que esto suceda, como condición sine-cua-non, no pueden existir aspiraciones diferentes entre ambos, vale decir, como hasta el momento hemos visto y peor, en las últimas décadas, donde las ambiciones personales de los políticos -en una gran mayoría-, están por encima de las del Estado, llegando por ese motivo, a tener más poder de acción que este último.

Solo tenemos que ver esos grupos de presión, que, debido a la pobre aplicación de las leyes en su momento, se han convertido en toda una amenaza para la gobernabilidad y, por ende, en el respeto y obediencia que la ciudadanía debe tener para con la Nación.

No hay que poner ejemplos porque -salvo ligeras excepciones- todas las agrupaciones independientes -que en nada lo son-, se consideran con todo el derecho a ser beneficiados con el erario, de manera compulsiva.

Como los pobres padres de familia, para no dejar de decir. Todo esto, en un engranaje perverso y corrupto, entre “los adinerados”; empresarios inescrupulosos; y los siempre presentes, pobres hombres del tránsito público, ahora con más fe, ya que han llegado al poder político y al abusivo poder que le confiere el Estado como funcionarios.

Es tal esta situación, que muchos, con voz y con poder, se abstienen de manifestar, que, en muchas ocasiones, se hace difícil distinguir dónde está el Estado y dónde los grupos de presión.

Para nada me gusta esta situación, y no me refiero al gobierno en sí, porque en cuanto al presente -al menos-, la buena intención presidencial se siente y más, cuando miramos hacia el Ministerio Público, que da aquiescencia a la máxima aquella, de que nunca es tarde, si la dicha es buena y, en buena hora ha llegado, pero, continuamos con las muletas puestas en otros organismos que no tienen razón de ser.

Ahora vemos al pueblo, como si fuesen los helechos de cuyos peciolos -erario-, los políticos sacan los filamentos para hacerse sus sombreros de impunidad y blindaje y, sobre todo, su alcancía personal. En tanto esto sucede, organismos llamados a ponerle coto a esta situación, se hacen más papistas que el propio papa, en tanto los jueces -en una gran mayoría-,interpretan a su antojo las leyes, con el único fin de también ponerse un manto de oveja, donde cada sentencia evita, por, sobre todo -y más si se trata de políticos-, no pisarle la manguera ni a ellos y mucho menos, a sus colegas.

Definitivamente, llegó el momento de tomar decisiones bizarras, -no como la digesset, que ante el problema del Porsche amarillo, se ha dedicado a querer retener los carros de alta gama, supuestamente por el sonido, y vaya usted a ver que vaina, que parecen carajitos respondiendo con resabios absurdos y abusivos-, cuando lo que si deben hacer efectiva, es la trazabilidad del comportamiento de los funcionarios y -mucho más- aquellos llamados “de confianza” que son los que más han hundido al principal en los últimos años. Y esto es así, porque la “independencia” es traicionera, algo así, como cuando un helicóptero pierde el rotor de cola.

Pareciese un absurdo el solo cuestionar donde radica el poder, pero lamentablemente y aunque a muchos les venga en mal, o se aprieta la muñeca y los compromisos pasados dejan de serlo o, continuaremos lamentándonos del caos institucional que nos pretende ahogar.

Durísima realidad, aunque se trate de disfrazarla y gastar millones en una propaganda que ya ha demostrado, en otros gobiernos, que solo sirven para engordar las bocinas. ¡Sí señor!

 

 

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