2 de diciembre de 2022

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

Las amenazas se convierten

en un absurdo, cuando son utilizadas,

para ocultar los miedos.

Desde mucho tiempo atrás, he escuchado que; contra, cuando y como sea, “la venganza es un plato que se sirve frío” y, por ese dato, es que, al parecer, muchos de aquellos infractores o abusivos de lo que sea, se han confundido y llegado a creer, que sus acciones pasarán al olvido, algo muy común entre políticos corruptos; militares deshonestos y jefes policiales asesinos y abusivos, por demás. Pero, gracias a quien sea -al parecer-, el poder Judicial se curó, -siendo quizás el primer organismo dentro del Estado- que se logra zafar de la perversa enfermedad del Alzheimer. Adiós olvido adiós y, que bueno que así haya sucedido para bien de esta y las futuras generaciones que al fin, tendrán un referente judicial contra las tropelías del tigueraje que se ha hecho dueño del quehacer político; contra el narco y de quienes los apoyan o se apoyan recíprocamente y, sobre todo, de aquellos que en los últimos años han ocupado funciones gerenciales, iniciando por la primera y segunda posición, que con descaro inaudito y, al ver que aún no han sido llamados a responder por sus indelicadezas, están volviendo -como gallitos y gallinas envalentonados- a la pista política, con la creencia de que en realidad -según el criterio de algunos-, no pueden ni serán tocados por los tentáculos de la justicia. Este real o supuesto blindaje, en el cual, dentro de un silencio burlesco confían, ya que supuesta o realmente se han bajado líneas políticas que los hacen intocables, les han hecho subir la testosterona o los estrógenos, de una manera incontrolable, como una marea de luna llena que los lleva a aspirar al Poder con un descaro que raya hasta en la locura, donde cualquier pécora, llega a creerse, la Madre Teresa de Calcuta. De estos engendros hemos llegado a pensar, que hasta por sus venas, si es sangre lo que corre, la misma carece del néctar de la bondad humana y solo el instinto salvaje de la maldad y la ambición sin límites, ocupa toda su corriente sanguínea, porque después de habernos hecho pasar por un periodo tan lúgubre; tenebroso y bochornoso, hay que ser una máquina de maldad y desvergüenza para venir ahora a presentarse de nuevo frente a quienes ultrajaron y avergonzaron como pueblo.

Estamos en un momento de nuestra historia, donde el pasado no es más que un prólogo y los ajustes para hacer funcionar correctamente este presente y el incierto futuro, deben hacerse ahora. Nos han llevado a creer como si los tiempos actuales fueran una ilusión y lo virtual fuera la vida en sus realidades, en tanto, permanecemos cuales intelectuales contemplativos del como las acciones políticas juegan con la situación crítica a la nos han llevado.

Y lo peor, es que estamos conscientes, de que no somos nadie sin todos, pero, visto el comportamiento del tigueraje político, da la sensación de que sería mejor estar solos, como animales sueltos en esta jungla de cemento. Por eso, solo por eso, aun y pase el tiempo, ¡no saldrán limpios! ¡no se burlarán de este pueblo por más blindaje que aparezcan!

No señor, no pueden ni saldrán limpios, tienen que pagar y lo harán, como delincuentes al fin y, más ahora que han aparecido unos hijos de gato, que, desde pequeño, se criaron, cazando ratones. ¡Sí señor!

 

 

 

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