13 de junio de 2024

Por Danilo Cruz Pichardo

Belarminio Ramírez es un joven politólogo que, desde mi punto de vista, tiene formación política, es un académico y ha escrito sobre la materia. Pero creo que se equivocó cuando en una oportunidad calificó a Danilo Medina de ser un fenómeno político, lo que parece que motivó al antiguo jefe de Estado a procurar reformar la Constitución de la República por segunda ocasión, para así habilitarse y poder optar por un tercer período presidencial consecutivo. Medina tenía buena aprobación del electorado dominicano, pese a los grandes escándalos de corrupción que se registraron en su administración.
Sobra decir que fue Estados Unidos que impidió la reforma a la carta magna, con la llamada que le hizo Michael Richard Pompeo, secretario de Estado durante el período 2018-2021, bajo la administración de Donald Trump. Y esa intervención de las autoridades norteamericanas no se hizo por la corrupción prevaleciente en nuestro país como se cree. ¡No ombe! La objeción provino del establecimiento de relaciones diplomáticas con China en el año 2018, lo que fue interpretado por nuestro principal comprador, de los productos que exportamos, como un desafío.
Pese a que Danilo Medina tenía el número de legisladores suficiente para aprobar la ley de reforma e identificados los diputados a comprar para habilitarse a través de la modificación de la carta sustantiva, ante la Asamblea Constituyente, se vio en la obligación de “echar su pretensión hacia atrás”. Hay que señalar que las relaciones del hoy presidente del PLD eran buenas con Estados Unidos, porque mediante el decreto 237-13, del año 2014, se regularizó el estatus de millares de nacionales haitianos que viven en la República Dominicana, que trabajan mayoritariamente en la producción agrícola y en la industria de la construcción, recibiendo bajas remuneraciones y sin seguridad social.
Cabe recordar que nuestro país fue objeto de repudio por la comunidad internacional, empezando por las grandes potencias, al Tribunal Constitucional aprobar la sentencia 168-13, que establece que son dominicanos todos aquellos que nacen en nuestro territorio, pero que son hijos de padres dominicanos, totalmente diferente a Estados Unidos, donde todo el que nace en ese país automáticamente adquiere su ciudadanía.
De todos modos, Danilo Medina supo subsanar la mala imagen que se procuraba crear de República Dominicana, al calificarnos de racistas y xenófobos. El problema radicó en las relaciones con China, cuyo saldo comercial no ha resultado negativo para el país, pero ese dato no le importa a los intereses estadounidenses.
El hecho es que Danilo Medina no pudo transferir su liderazgo a Gonzalo Castillo y después que lo impuso como candidato presidencial, en las fraudulentas primarias celebradas el 6 de octubre de 2019 en el PLD, todo comenzó a salirle mal, no solo porque su organización fue desalojada del poder en 2020, sino por la hemorragia sufrida en su militancia hasta el día de hoy, pues la mayoría se ha ido a la Fuerza del Pueblo y al PRM.
Las recientes encuestas publicadas por Greenberg y Mark Penn, con miras al proceso eleccionario de 19 del presente mes, ofrecen datos para el PLD que son catastróficos. Greenberg otorga a Luis Abinader un 58%, a Leonel Fernández un 25% y a Abel Martínez un 13%, mientras Mark Penn otorga al presidente de la República un 57%, al candidato de la Fuerza del Pueblo un 24% y al del PLD un 12%. Lo grave de todo no es el 13 y el 12 que recibe el PLD, sino que las investigaciones revelan que una franja de su militancia sufragaría por el expresidente Fernández, pero el suscrito no descarta que también vote por la boleta del PRM.
La experiencia electoral indica que el dominicano no acude a las urnas para quedar en tercer lugar, por lo que ese aviso anticipado de firmas encuestadoras, que gozan de crédito público, afectará al maltrecho caudal de votos del peledeísmo y terminarían beneficiándose los que ocupan el primer y el segundo lugar. Se colige que tanto Abinader como Leonel tienden a aumentar sus puntuaciones.
Recuerden que para la contienda comicial de 1978 el profesor Juan Bosch apenas alcanzó 18 mil votos, porque el grueso de los electores depositó su sufragio por don Antonio Guzmán y por Joaquín Balaguer, que ocuparon el primer y el segundo lugar respectivamente. Para 1994 Bosch obtuvo un pírrico 13%, debido a la bipolarización entre Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez. Y para el 2020 Leonel solo pudo alcanzar un 9%, porque Luis Abinader y Gonzalo Castillo se repartieron el pastel de forma mayoritaria. Podría poner otros tantos ejemplos.
El parecer del suscrito es que el PLD quedaría muy mal parado y se expone, como partido, a correr en el futuro la suerte del Partido Reformista y del Partido Revolucionario Dominicano, que en las actuales investigaciones casi no marcan nada.
Finalmente: ¿En qué consiste un fenómeno político? Se trata de un personaje que incursiona en la política para aspirar a un puesto de elección popular y, regularmente, lo hace repudiando a las organizaciones y a los líderes tradicionales. Y gracias al carisma y a que supo conectar con la población, mediante un discurso persuasivo, logra ser electo. Algunos casos que podría mencionar en la región son Hugo Chávez, en Venezuela, Alberto Fujimori, en Perú, y ahora Javier Milei, en Argentina.
El fenómeno político se da por el agotamiento de los pueblos con su clase política. Muchos líderes no se dan cuenta que la mayoría de las mujeres y de los jóvenes aborrecen la actividad política y tienen mayor preferencia por la música (diferentes géneros), los deportes, (diferentes disciplinas) y las redes sociales como entretenimiento. El político tiene que aprender a penetrar por esas vías e identificarse de una u otra forma con esas inclinaciones, como en efecto lo es Netflix en la actualidad en las clases media y alta y parte de la baja

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