18 de mayo de 2024

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

El mejor aprecio hacia un

farsante, es no hacerle

aprecio en ningún momento

ni de ninguna manera.

En tanto nos perdemos en pequeñeces, el mundo continúa girando y como si fuese en una ruleta, la bola salta y brinca hasta que se asienta en un número, que da un ganador y muchos perdedores.

Es a medida que esto ocurre, cuando nos vamos dando cuenta que la vida es solo eso, un juego al azar tratando de encontrarnos con lo divino o santo que nos dé algún tipo de seguridad presente y futura.

Pero la enseñanza diaria nos demuestra que nos arrastramos igual que los animales rastreros, donde el leitmotiv es la ambición personal, moliendo los sentimientos y hasta la vergüenza, todo para llegar a ese algo.

El respeto se manipula burdamente hasta con los más elementales sentimientos que antes se respetaban como ley sagrada, y me refiero a la muerte.

Asistimos a una dolorosa perdida humana donde el pésame fue utilizado como una herramienta para llevar a cabo una acción puramente política, descarada y descarnada, donde no han faltado personas que han justificado esta acción pero que, personalmente, me avergüenza.

Pero no sé para qué escribo sobre esto, cuando lo importante es la política y solo la política, todo lo demás, incluyendo aquello que atañe a la propia nacionalidad, simplemente pertenecen a temas generales que solo en campaña adquieren alguna validez para engatusar la muchedumbre. Estamos viviendo la época donde la envidia, la mentira y la hipocresía subyacen en la mayoría de la oratoria de una clase política compuesta por embaucadores, que solo les importa su bienestar.

Al parecer, el aspirar a ver relucir el respeto a la dignidad humana, a los dolores sentimentales de los demás y  hasta la institucionalidad y eficiencia de determinados organismos del Estado, es un trabajo ímprobo, que en ocasiones como la que describo, me convierte en una insufrible pejiguera para todos aquellos que todo lo toman a lo personal, aunque el problema no soy yo, sino, los actos que ellos cometen y se niegan a corregir, para decir algo simple, como la peligrosa falta de señalización en nuestras calles, avenidas y autopistas, por ejemplo.

Sé, que muchas cosas que la mayoría de las personales anhela, son simples aspiraciones como, añoranzas de otros tiempos, algo así seria, poder encontrar la sabiduría más grande que haya podido existir, como lo es la bondad y que, el mejor regalo que una persona puede hacerse a sí mismo es el poder ser portador de la honorabilidad, cosa esta harto difícil.

Pero el exponer esto, te arriesgas a que en ocasiones, apenas te permitan iniciar a perorar sobre el tema, sin que aparezcan las maledicencias y las soberbias de funcionarios y “comprometidos” que se niegan a comprender que al ser designados o ubicados en una posición dentro del Estado, ni el pueblo o el gobierno no necesitan de políticos con sus agendas personales, sino, personas con ideas que trabajen para el Estado, no para un partido, aunque, de por sí, este último se beneficie por carambola.

En cuanto a eso, soy como los ludópatas, que no confían en la banca ni los demás jugadores y con el tiempo he aprendido, a no confundir la lealtad con el servilismo ni el agradecimiento con la permisividad. Todo esto, quizás por ignorancia, me ha llevado a creer que lo ideal sería un Mandatario sin ataduras; que no tenga que devolver favores o la desgraciada “recompensa” por secretas promesas, pero, reconozco que esto es un absurdo, algo idílico, en medio en medio de tantos intereses políticos personales donde lo que menos prima, son los intereses Nacionales. ¡Sí señor!

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