12 de junio de 2024

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira 

A medida que envejezco, me 

fascinan más las ideas, y, me 

atraen menos la gente. 

  1. Nietzsche.

Funcionarios hay y ha habido, cuyo desempeño, poco o nada tienen que ver con la política o la intención de quien ejerza la Presidencia de la República, pero que, de alguna manera, tienen o mantienen su accionar debido a la inoperancia o fragilidad de otros estamentos del Estado, como serían los o el servicio de inteligencia del país, que no mantiene en conocimiento a la primera persona. Aunque, para ser realista, en otras tantas ocasiones, se encuentran con la benevolencia o permisividad del ejecutivo, por la razón que fuese. 

Esto último ha sido una constante en las últimas décadas en diferentes posiciones, donde, aquel que señale ese evento, fácilmente cae en desgracia, tal y como ha sucedido, principalmente con los funcionarios del desaparecido -hoy con otro nombre, pero igual nomenclatura- Cuerpo de Ayudantes Militares y, sobre todo, con determinados entes que han ocupado la cabeza del degradado Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, por solo referirnos a estos casos. 

Ante este hecho incuestionable, la pregunta más lógica, seria determinar el porqué  

continuar cometiendo los mismos errores, si así vale llamar, porque son tantas las veces que se cometen, que es muy cuesta arriba creer que en realidad son errores y no acciones corruptas, con el único fin de producir mucha e indeterminada cantidad de dinero, para los bolsillos de uno y de otros. Si no es así, ¿para qué instigar o alimentar lo incorrecto? 

Estas y otras tantas preguntas, relacionadas o similares, habría que formularse ante el mismo accionar, llevado a cabo por distintos funcionarios en distintas épocas, que han ocupado y ocupan las mismas funciones. Y es que, en todos los casos, estos hechos, muchas veces disfrazados de supuestas bonanzas, solo quedan en eso, acciones perversas de carácter netamente corrupto y de difícil probatoria en los tribunales, aunque esto último, de poco ha valido ante la inoperancia de la justicia en contra de estos funcionarios y hasta de ex -honorables y ex -presidentes. 

Y esto es así, porque se tendió un manto de impunidad sobre esta categoría de políticos funcionarios, sin necesidad de si esto ocurrió con buena o mala fe, o quizás -es posible-, una jugada política para protegerse asimismo de la suciedad política que pulula y habita detrás del ejercicio de la política partidista, es decir; yo te protegí a ti y los tuyos y tú me proteges a mí y los míos. Aleluya, que chulería. 

Por eso, nos vemos con acciones llevadas a cabo por funcionarios “de confianza” que son de difícil entendimiento, aún y a cualquier mortal se le dificulte aportar las pruebas documentales de si existe cohecho o no. Ejemplo de esto podemos tomar la autopista Duarte y la “reconstrucción” que se está llevando a cabo, donde pareciese más una acción política para complacer a motoristas y pobres padres de familia, a los cuales  no les gusta llegar a los retornos establecidos en la misma, y, donde Obras Públicas, les está haciendo retornos, que hasta dentro de cien años continuarán siendo inoperantes y peligrosos, esto,  en vez de cerrar las entradas de todas esas calles y callejones que permiten el libre acceso a la referida autopista. 

Es eso o, por el contrario, toda una obra con fines ornamentales o estéticos, donde la eficiencia y seguridad para la conducción es un tema aparte y, donde el movimiento de tierras es el fin último, ya que aquí, es donde está la buena borona, y, ni hablar siquiera de las minas de agregados que están explotando donde se construiría el nuevo peaje, de lo cual nadie dice nada sobre quien lo hace, a quien se le vende o quien la comercializa. Para todo esto, al igual que el uso de AC-30, el silencio y la impunidad es y ha sido la norma. ¡Sí señor! 

PD: Y la otra, es la carretera Casabito-Constanza, pero, Sssss 

 

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