21 de mayo de 2024

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

La mente se hace estrecha

en proporción a la corrupción

del alma.

J.J. Rousseau. –

En la inmensa mayoría de  nuestros políticos, la fijación de poseer el Poder solo por el poder, es decir, tenerlo solo pensando en su ego o sus intereses particulares o de determinado grupo, sin detenerse a ver el futuro para la Nación, es de tal magnitud, que los hace desbordar los límites de la obsesión, hasta el punto, de diluir su propia personalidad para optar por una ficción que acaba con su tranquilidad interior, es decir, que viven como payasos, risas para el exterior y lagrimas interiores que los ahogan.

Lo real es que se hacen despreciables, debido a su falsedad y su comportamiento bipolar donde hoy son de aquí y mañana son de allá, aunque se les importa regresar a lo primero sin ningún tipo de culpa, vergüenza o responsabilidad.

Por eso, en días pasados, tuve que saludar a uno de estos impostores y lo cierto fue que le di un apretón de manos tan ligero y exento de cordialidad, que hasta yo mismo me sorprendí, ya que cada día se me hace más difícil e incómodo soportar la hipocresía.

Y todo esto debido a que la vida me ha enseñado a ver o sentir cuando algo está torcido o lo está haciendo y, con ese señor, siempre he visto o sentido algo que repugna en su persona que no puedo explicar con palabras, pero, que no me gusta.

Y es que quizás este pueblo se ha acostumbrado tanto a este comportamiento viciado, que es posible haya establecido con esta relación de difícil explicación y esta casta, la creencia de que, para continuar con ellos, debe hacer acopio de aquello que dice que; “cuando la inspiración por el patriotismo no basta para impulsar a alguien a dar lo mejor de si por la Patria, la ambición es un útil sucedáneo”. Si, quizás por esto no están o han visitado todos, las residencias custodiadas por el Estado.

En tanto, estamos ahítos de representantes, por demás honorables, que han desvirtuado su razón de existir dentro de la nomenclatura del poder del Estado. Losasuntos baladíes colman sus agendas llegando al extremo de hasta legislar para protección de ellos mismos -por mas que traten de camuflar el propósito final-, como lo es el proyecto de sobre “El derechoal buen nombre” y por demás“que regula el ejercicio del derecho a la intimidad, el honor, el buen nombre y la propia imagen” vaya usted a ver que bonito les quedó el título del mismo. Pero, para la esencia por el cual fueron elegidos,brilla por su ausencia.

En estos tiempos estamos pasando por una crisis que al parecer es de identidad y preguntamos; ¿han escuchado a alguno de estos “representantes” protestar o denunciar la invasión haitiana en sus comarcas? Al parecer esto no tiene ninguna importancia para ellos.

De continuar como vamos, la inseguridad yel crecimiento de bandas de delincuentes, será,dentro de poco tiempo, algo así como un tornado, sin tomar en consideración el incremento de las bandas haitianas que desde ya están viendo que aquí hay donde pescar y pescar sin grandes problemas.

Vale en este momento decir, que este problema no es racial, es el mismo problema que viene desde el 1844 que por épocas rebrota con tal magnitud que asusta, ya que el mismo -reitero- no es de racismo o de negro o blanco, porque es mas sencillo, se trata de nacionalidad.

Nuestra democracia se debilita por culpa de los políticos, ya que estos tienden a desorientarse y no pensar sobre aquello de que tanto las cosas materiales, sentimentales o de sistemas, como la democracia, solo son grandes y fuertes, como lo sean sus partes pequeñas, en este caso, el pueblo. ¡Sí señor!

 

 

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