Luces y sombras; virtudes y defectos, así somos Porque: Son muchos más, los virtuosos, que los que carecen de ella.

Autor. Rafael R. Ramírez Ferreira

Cierto funcionario le escribió al jefe de

Estado: “Favor relevarme. Están

llegando a mi precio”.

Anónimo.-

 

Al caminar bajo la luz del Sol, los hombres van produciendo sombra, que en ocasiones, va delante de ellos, y otras tantas, va detrás. Esto, es por lo regular, a pesar de que aveces, aun otros recorran el mismo camino y al  mismo tiempo, no producen ni una ni la otra. Y esto es así, porque no avanzan, solo marcan el paso y  conforman con que el Sol les dé siempre encima de sus cabezas.

Algo parecido ocurre en el transcurso de la vida y las acciones que ejecuta el ser humano, donde unos crean y avanzan, y sin importar por qué, siempre producen sombras, las cuales podríamos sintetizar simplemente como bonhomía o quizás, fama.

Sí, la misma que los acompaña por siempre, ya sea para bien o para mal. En tanto otros, pasivos, indecisos, dubitativos, rudimentarios o lisonjeros, cuyas vidas se les estanca, tanto en lo físico como lo intelectual, donde al final, ni dejan sombra ni huella alguna.

Pero las incongruencias y paradojas de la vida, se desempeñan –al parecer- en paralelos. Hace un tiempo leí, que el hombre vulgar se sacrifica por las riquezas y el hombre de honor, lo hace por la fama, pero, aquello por lo que ambos cambian su autenticidad y su naturaleza, no es lo mismo, mas entrambos, son iguales, por cuanto se apartan de lo que debieran hacer y se sacrifican por hacer lo que no debieran.

Torcido o recto, es lo de menos, ya que lo importante es ser firme en lo que se cree y desarrollar sus propios ideales. Algo así, como ser Diablo y Dios al mismo tiempo, esto explicado hace siglos por Aristóteles, refiriéndose a la doctrina de las Inteligencias, en donde lo Uno podría originar lo Múltiple, sin cesar de ser lo Uno.

Quizás, sea esta la razón de nuestros errores y nuestros aciertos, donde todo está regulado y que, evoluciona por sí mismo, si es que creemos aquello de que Dios, como unidad inmutable e incognoscible, nos creó como seres cambiantes y diversos, a pesar de los antiguos y perdurables cuestionamientos de que, ¿cómo puede lo Múltiple Imperfecto emanar de lo Uno perfecto? y quizás, solo quizás, todo se reduce a creer, sin pensar el cómo se puede reconciliar la bondad de Dios con el mal que engendra el hombre.

Podríamos inclusive, ante esta cruda realidad, pensar que de nada vale luchar o creer en algo, si todo se reduce a nuestro ambivalente comportamiento entre lo llamado bueno y lo llamado malo. Pero, como escribió el Ingeniero militar René Descartes en su época, qué grado de certeza podríamos atribuir a los acontecimientos que ocurren fuera de nuestro ámbito, si tan siquiera podemos asegurar que existan pero que,  el propio dudar del hecho, era una muestra de que estamos pensando.

Por eso pienso que, abrumado por tantos hechos que parecen insólitos, absurdos, me parece que el Estado se convierte ocasionalmente, en un castillo de naipes, endeble y moldeable por personajes funestos, que utilizan la mal llamada Sagrada Constitución, como simple papel, cuyo contenido puede ser borrado fácilmente. Y hoy, la justicia no da abasto, en tanto los hechos se hacen viejos y son ocultados bajo un sucio blindaje político.

Pero,como parte de ese continuo cambio y, por encima de la Pandemia, y de haber estado al borde del abismo institucional, estamos en uno de los mejores momentos para que nuestra tan cacareada democracia, tenga historia. Pero la vida es como el Estado, que transcurre entre luces y sombras, donde hay que esforzarse para mantener viva la luz, que espante la oscuridad. ¡Sí señor!

 

 

 

 

 

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