Ni yo ni usted, nos escapamos de la culpabilidad Porque; Los mártires tienen en comun,que todos yacen muertos

Autor: Rafael R. Ramírez Ferreira
La razón por sí misma es
práctica, y da a los hombres una
ley universal, que llamamos,
la ley moral.
Kant.-

Pensándolo bien, ni yo, ni tú, ni él y tampoco usted, justicieramente, somos inocentes, más bien, todos culpables. Y todo, debido a nuestra permisividad, sin que haya que justificar moralmente ninguna acción dejada de hacer. Por permitir los Pilatos cobardemente y ese dejar hacer dejar pasar, son los hechos por los cuales hoy, nuestros políticos deambulan en el erario sin control alguno, ya que el régimen de consecuencias, para ellos, ha sido prácticamente nulo.

Hoy nos damos de frente con una vergonzosa situación moral, donde, después de haber asistido a un pandillerismo ruin, cobarde, corrupto y prepotente, simplemente contemplamos impasibles ver como se nos presentan con las mismas ambiciones y el mismo discurso engatusador, todo, en base a que ya hicieron el papel de gavilleros y nada les ha pasado, porque todo se ha quedado dentro de la maraña legalista que ellos mismos prolijearon.

Esto para no hablar de impunidad y un blindaje, que muy a pesar de los esfuerzos y la seriedad de quienes pretenden hacer justicia, se ven amarrados con grilletes,los cuales solo les permiten observar con dolor las acciones de una asociación de malhechores confesa, tratando otra vez, de hacer lo mismo.

Sí, culpables todos, porque desde los años 70, se ha visto engrandecido un comportamiento servil frente al acontecer político corrupto y, en su momento, hasta criminal, sin detenernos por lo más mínimo en el espinoso tema del narcotráfico. Y esto se ha dado, tanto en los civiles como militares y policías, constituyendo las claques nacidas en las cloacas morales del palacio presidencial, las más perjudiciales para la perdida de la institucionalidad dentro de las fuerzas armadas y la policía nacional –otra vez- sin tocar el famoso narco.

Y es que muchos, tanto civiles como militares, han considerado que la propaganda es por siempre, sin tomar en consideración todos los hechos acontecidos y que avergüenzan a muchas profesiones, incluyendo claro está, los medios de comunicación, los cuales fueron atacados de tal manera y forma, que solo el billete por debajo de la mesa, callaba bocas o ponía a funcionar bocinas. Nunca tuvieron en consideración, que la misma, solo llega hasta un punto, luego, hay que demostrarlo, pero los hechos no existían, solo la plata y hoy, otros tantos pretenden reeditar esas mismas hazañas.

En cuanto al daño en lo militar-policial, tendríamos que cuestionar ¿pueden las tropas ser disciplinadas y eficientes en sus labores, si sus superiores no lo son? si los superiores son los primeros, que aun siendo educados, entrenados y capaces son los primeros en ser serviles con los políticos y funcionarios, ¿no siguieran ese mismo camino los subalternos? Quizás sea esa una de las razones por las cuales muchos se niegan a dejar el topónimo de “guardia” por el de “soldado”, más respetuoso, menos despectivo y de reconocer, que en realidad, “no leen como quiera” o solo saben comer “chao”.

Pero, como otros han dicho, la inevitabilidad es un concepto que subleva al ser humano, ya que es un ser hecho de esperanza y de creatividad, conceptos estos, que niegan rotundamente, que las cosas no pueden cambiarse, ya que si así fuese, la vida no tendría sentido, una monotonía entre la rutina y el hastío.

Con todo y esto, nos encontramos con elementos políticos, que hasta la esperanza de que podemos cambiar esta situación anómala, moral, ética y económicamente, nos quieren robar. Por eso, esto no es una crítica para nadie, aunque sí podría serlo para todos, pero, harto de tanto prolegómeno, la intención es, apelar a la honorabilidad, para que podamos arreglar este asunto, ya que al parecer, es una virtud a la cual todos apelamos, incluyendo aquellos que la desconocen. Porque esta virtud, es una pauta de comportamiento, un deber en nuestro interior que nos compele hacer lo que los demás esperan de nosotros como persona, como funcionario e, inclusive, como dominicano. ¡Sí señor!

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