20 de junio de 2024

 

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

El gran líder no es el que hace

grandes cosas, es el que hace que la

gente haga grandes cosas.

  1. Reagan.

Muchas cosas, al igual que a otros tantos, no deberían de molestarme, pero, me molestan, quizás por odiar la mediocridad y más, cuando se disfraza con el traje de farandulera. No me gusta hablar mucho sobre mis problemas, pero, cuando esos por igual se convierten en el problema de muchos, entonces, es imposible callar, permanecer mutis ante esa dificultad que tiene posibles, quizás no totales soluciones, pero que, la mediocridad y los falsos protagonismos impiden la aplicación de medidas que hagan más pasables esos problemas.

Nos referimos al angustiante problema del transporte que nos acosa y la ineptitud de aquellos llamados a resolverlo. Es increíble como pasa el tiempo sin que se tomen reales medidas para controlar el caos en el cual se ha convertido el transporte a nivel nacional, mientras, ineptos rapaces políticos, faranduleros y mediocres uniformados, ven discurrir el tiempo en teorías y firmas de convenios con quienes están llamados a ser compelidos a cumplir las leyes, todo esto, ya sea por temores o por carencia de voluntad para aplicar las leyes.

Les falta ingenio y creatividad para crear medidas plausibles dentro de nuestra individualidad como país, más bien, se abocan a crear artilugios que en nada contribuyen al buen desempeño dentro del tránsito, argumentando los mismos con una combinación de premisas ciertas y falsas pero que en nada facilitan el tránsito por nuestras calles. Quieren hablar de inteligencia artificial y de chips incorporados a las placas para fines de seguridad, pero, son incapaces de establecer bolardos semipermanentes que aseguren el desplazamiento, por lo menos, en uno de los carriles, en dos de las principales avenidas de la capital y siquiera contemplan aceptar sugerencias.

A propósito de esto, viene a mi mente algo que aprendí hace tiempo sobre el cumplimiento de las leyes, reglamentos y disposiciones, que sostenía aquello de que, dar una orden y no asegurarse de su cumplimiento, era abrir camino a la insubordinación o la ineficiencia, si se tratara de una empresa u organismo. Es lo que sucede con estos faranduleros que dirigen el tránsito. Establecen normas sin asegurarse de su cumplimiento y por eso, nadie las cumple, donde, por demás, otra vez se ha demostrado que los faranduleros, no han pegado una en el tren gubernamental.

En vez de abocarse a gastar el dinero en publicidad y otras chacharas, o el estar firmando “acuerdos” en busca de falsos protagonismos, ¿por qué no se dirigen a la adquisición u obtener o firmar acuerdos con empresas de grúas, tendentes a hacer cumplir las señales de “No estacione” o el famoso parqueo en paralelo o doble fila? ¿Por qué no reestructurar o comenzar desde cero para organizar los turnos de servicio de los agentes de manera tal que siempre haya un patrullaje continuo que vele por la violación criminal de conducir en vía contraria, como ya es costumbre entre los pobres padres de familia llamados motoconchistas y todos aquellos que lo hacen porque viven en medio de la cuadra y no les interesa darle la vuelta a la cuadra?

No, primero vamos a embarcarnos en obtener semáforos inteligentes y demás yerbas, que tampoco sería la primera vez, para que una vez puestos, los agentes del Intrant los suplanten con argumentaciones absurdas. Por qué no pensar primero en el recurso humano y luego la tecnología, no al revés. Claro, es más fácil lo último, ya que, con una licitación, un préstamo que sabrá Dios hasta qué generación se estará pagando, acompañado de alguna que otra manipulación y ya; dinero en determinados bolsillos, los equipos en el almacén y nadie con capacidad para hacerlos funcionar con propiedad. Reitero, no será la primera vez que ocurra esto, o será acaso que; ¿ya se ha olvidado las tantas veces que se ha hablado y ejecutado esto o algo parecido? Todo indica que estos faranduleros no son más que letrados ineptos, con un comportamiento vomitivo. ¡Sí señor!

 

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