Seguir las malas prácticas, es progreso,lo contrario es retroceder Porque: Ninguna razón para no ver, ninguna razón para no hacer.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

Nada es tan difícil,

como decidirse.

Napoleón Bonaparte. –

Existen infinidad de cosas que se pueden ir mejorando día a día, tanto intelectual como físicamente, pero, se debe tener la intención para ejecutarlo, de lo contrario, es mucho más cómodo -pero inmoral- proseguir en lo acostumbrado, cual, si fuésemos animales adiestrados o robots programados, para siempre hacer lo mismo y esto, de alguna manera, nos condena por siempre a estancarnos y de ahí, una bajada mortal hacia la mediocridad y hasta la propia extinción como pueblo.

Este gobierno va bien, pero, de continuar el camino, sin rectificar la dirección y los pequeños desvíos, llegado el momento, pasará como otros tantos que se volvieron “buche y pluma”, no más. Y eso, sin hablar del descredito que permanecerá imborrable en los anales de nuestra historia, debido, a que, precisamente, este ha sido, uno de los gobiernos que más optimismo ha creado en el pueblo dominicano, pero, si ese optimismo comienza a ser atacado por cuestionamientos enraizados en la desconfianza, debido a supuestas o reales negociaciones de aposentos, compadreo, amiguismos o condescendencias con determinados o elegidos grupos que ya tienen en su haber el hundimiento de otros tantos, como ese mal, llamado borrón y cuenta nueva, de ser así, entonces estaremos peor que antes.

Aunque la verdad incuestionable de todo esto es, que responsables de la situación, de todo lo que haya ocurrido y de lo que pueda volver a ocurrir, somos todos, sin excepción alguna, incluyendo, hasta aquellos religiosos -sin importar la religión-, que solo abren la boca para sus cosas o necesidades terrenales, algo así como los políticos, pero peor, porque estos últimos no se visten de mansas ovejitas para timarnos con apocalipsis y manipulaciones mediáticas.

Cada día sufrimos crescendo la desgracia del calentamiento global pero, en ese caso ni siquiera los políticos se sienten ser parte del daño que en ese sentido se lleva a cabo casi en el mundo entero. En tanto, diariamente vivimos abrumados por las irresponsabilidades de los llamados a ponerle coto a este asunto. Como es el caso de las siembras indiscriminadas de aguacates, que en otros lares han causado una sequía inimaginable para la gran mayoría de este pueblo. Pero, eso, no lo vemos; como esos sembradíos en la Sierra, blindados y completamente impunes. En un caso, porque son pobres padres de familia y en el otro, porque son políticos, que hacen lo que les viene en ganas sin que aparezca autoridad alguna que le ponga coto a este crimen medio ambiental, más bien, le temen a estos pervertidos y se hacen de la vista gorda. J…er.

Y es que, mientras continua el desmadre ambiental, quienes son responsables, cual emires, se regodean como si el puesto fuese una heredad y el gobierno hace mutis, cosa esta que nos hace retrotraer a tiempos no muy lejanos, cuando los funcionarios iniciaron este mismo tipo de comportamiento irresponsable y cobarde en unos casos, y prepotentes, apoyados, corruptos e ineficientes, en otros. Solo nos queda esperar que no corramos con la misma suerte de hace solo un año transcurrido.

Deberían muchos de ahora, recordarse de aquellos “Dinosaurios” del famoso Comité, a los cuales pareciese bien, hacer de la mentira, las indelicadezas y actos bochornosos, el legado que por siempre perduraría para ellos, sus familiares y contertulios, pero, olvidaron que nada es para siempre y los sorprendió la cruda realidad.

Pero, aun así, la pasividad no puede ser el comportamiento a seguir, porque la corrupción y la ineficiencia al parecer, se enraizó dentro de la política y eso de mudo, ciego y cobarde, en esta situación, no vale, ni debe ser permitido. Mejor recordemos aquello de que la mirada no solo era el modo que tenían los griegos de acceder al mundo, sino que su comprensión del mundo, se orientaba por el acto de ver y este gobierno, por obligación moral, tiene que ver, pero ver muy bien para no cometer los mismos yerros de los anteriores y que hoy, de una u otra manera, se está sintiendo su hedor. ¡Sí señor!

 

 

 

 

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