Ser Militar, es un sacrificio y un deber. No merece ser jefe y mandar, quien no se sabe

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

Tener razón, al final del tiempo,

Deja un sabor amargo

Porque: “El Militar ni se niega ni

se brinda, solo obedece”

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira   Una de las peores cosas, es cuando tienes razón sobre algo, pero solo el paso del tiempo te la concede. Es frustrante, doloroso y para nada satisfactorio. En determinada ocasión, llamé la atención sobre tomar acciones con el fin de parar el cada vez más involucramiento de Oficiales en actividades partidarias y todo fue inútil. Hoy el tiempo se postra ante mí para darme la razón, pero ya de nada vale, porque el daño es irremediable.

Acabamos de salir de una tiranía “democrática”, donde no solo existía un tirano obtuso, rencoroso y ambicioso sino, toda una claque de andamiajes, iniciando con un Comité que ejerció el poder abusivamente y de manera desproporcionada; claques de familia que funcionaron cual si fuesen señores feudales, que se repartieron el Estado como botín de piratas y que hoy, solo son grandes y acomodadas familias de alta alcurnia, aunque de esto no posean ni la “A” inicial.

Tenemos leyes para repartirle a medio mundo pero, el cumplimiento de las mismas, es otra cosa. Han fomentado a hurtadillas, la participación de los militares en la política pero, con un miedo sin validez alguna, se niegan a legislar a fin de que los militares y policías ejerzan el derecho al voto, ya que dicen eso politizaría estos organismos, lo que constituye una incongruencia con lo que hacen y lo que dicen, cosa esta que no les es extraña.

Al igual que se niegan a limitar, en un solo paquete, la cantidad de legisladores y abrogarse obligaciones no contempladas dentro de sus funciones, como esa de donar medicinas y alimentos en vez de supervisar que el gobierno cumpla con las mismas, porque indiscutiblemente, son propias del Poder Ejecutivo y sus dependencias, no del Legislativo.

Príveseles de esos beneficios de cofres, barriles, otros tantos privilegios, y veremos como habrá que hacer una ley que los obligue a postularse, con el fin de ser legisladores. Aunque en estos momentos, son o están como gallitos de peleas para no renunciar a sus privilegios ilegales –aun sean moralmente-, justificados con argumentaciones falsas o de bonhomía, que descaradamente sustentan.

Y es que todos sabemos que no son tales gallos de peleas, sino, que en el fondo, son manilos, y sus antecedentes, así lo indican. No soportan presión y ahora, ante su “valentía”, para mal justificarel uso abusivo y corrupto de los recursos del Estado –como hizo la “Llorona del Sur”- esa prepotencia los mal aconseja, indicándoles que  la ofensiva, es la mejor defensa, aunque no siempre esto es así, porque con tanta cola para pisar, lo más aconsejable,

sería la prudencia, pero, de muchos esel parecer, que solo conocen y se acostumbraron, a la soberbia.Lo peliagudo, es como hacerlos entender esta realidad. Es una misión hercúlea, ante la presencia de esta casta engreída, abusiva, acostumbrada al “laisserpasser” y, con papeletas para elaborar correas de puros billetes, con la única finalidad de continuar postrando voluntades y actitudes.

Conocido era por todos, que el manejo de las Fuerzas Armadas, se centraba en el desacreditado y corrupto Cuerpo de Ayudantes  desde hace décadas pero, los políticos fueron los primeros de ver hacia otro lado, ya que, por ese conducto era que obtenían sus objetivos mientras ingenieros, contratistas y cual negociante que fuese, su primera parada, era en el famoso ante-despacho, de donde salían menguados los frutos de su trabajo, llegándose el caso, que en muchas ocasiones, eran enviados con un custodia hasta el banco donde se realizaban las operaciones.

En tanto, la institucionalidad se perdía entre los más negros laberintos de corrupción y perversidad, aupados por los políticos que aupaban a sus militares preferidos o -expresado con mayor propiedad- sus espalderos, ya que por medio a estos, obtenían su cuota dentro del Poder militar. Dicho esto, el mito del voto militar y su politización, es un artilugio que a nadie convence. ¡Sí señor!

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