Sobre el dar y regalar. Simplemente Porque. El ser pobre no es excusa, para no trabajar o ser sucio.

 Autor: Rafael R. Ramírez Ferreira

«No todo el que da, es bueno;

no todos los que reciben, lo necesitan».-

Surgen una serie de preguntas, en aquellos momentos que nos vemos frente a situaciones o palabras difíciles de comprender y, por eso, salimos en busca de respuestas que nos permitan comprender las actitudes a los cuales se nos hace difícil darles sentido dentro de un marco de sentimiento honesto, tanto en su forma o su fondo: porque ninguna de las formulas o condiciones que conocemos, pueden llenar estas inquietudes por completo.

Somos seres complejos por naturaleza; somos cual inmenso recipiente donde convergen virtudes y vilezas entre una continua danza y compadreo, negociando cada quien sus ambiciones, dando y cediendo lo que normalmente no es de ellos, tal y como lo notamos en el ejercicio de la política, aquella que ha sido definida como la ciencia más pura y bella de todas y que ha mantenido el mismo comportamiento en todas las eras y todas las latitudes.

Hoy, inmersos en una de las tantas pandemias que ha sufrido la humanidad, quizás como parte esencial de la evolución y control sobre la existencia del hombre en la tierra, nos encontramos frente acciones buenas en su esencia pero que, siguiendo la ley física de que cada acción tiene su contra, es harto difícil cuantificar física, mental y emocionalmente, los beneficios y perjuicios a corto y largo plazo de los planes de ayudas, dirigidos esencialmente a las clases económicas, aquellas que carecen hasta del más sencillo de los sentidos, como lo es el sentido común y que por demás, tampoco hacen esfuerzo alguno para salir de sus crisis, porque el estudiar y trabajar es para los pendejos y ellos no consideran pertenecer a estos.

En nuestro caso como país, nunca esa clase había tenido tanta ayuda y atención como ahoray eso, ni está bien ni está mal, todo depende, utilizando ese lenguaje evasivo, clásico de esa misma clase social. Existen muchos refranes que retratan de cuerpo entero esta situación.

“A caballo regalao, no se le miran los dientes”; “A lo que poco nos cuesta, hagámosle fiesta”  y por ahí continúa ese camino infinito. Porque, similar a otras tantas instituciones, de aquí, de allá y otros tantos organismos que se han creado con similar circunstancia de la que hablamos, solo una minoría de estas se proyecta conscientemente, mientras que la gran mayoría, ha nacido, como el resultado impremeditado o no, de las acciones humanas, llámese pandemia o actividades políticas clientelistas.

Es por tal razón, que las mismas adolecen de fallos que al final resultan perjudiciales para la misma sociedad, ya que son manejadas por humanos, en muchos casos, más que susceptibles a tergiversar –por flaquezas humanas- la finalidad del elemento creado. Por eso, la supervisión y seguimiento continuo a las acciones que se ejecuten, deben estar sometidas a los más rigurosos elementos de control. Por eso,  el dar o regalar a esa clase que padece los rigores de la pobreza, ni está mal ni está bien.

Asistimos a una  manera de manutención, donde son limitadas las exigencias para hacerse digno de ella y todo esto, de alguna manera, socava el espíritu de sacrificio para obtener algún tipo de bien. ¿Cómo minará esto el futuro desarrollo de esta gran masa de desamparados? Difícil la pregunta y más intrigante la respuesta. Como bien nos han enseñado, es imposible la existencia de una teoría científica del desarrollo histórico que sirva como base para la predicción histórica, simplemente, desconocemos que será de estas personas dentro de la sociedad, en el futuro.

Ningún teórico político lo puede predecir, a menos que no sea con falacias, porque el resultado de lo que ahora se hace con esas personas, es decir, regalándoles sin que ejecuten ningún esfuerzo por superarse, siquiera para limpiar las calles y aceras en donde viven –en muchos casos, puros estercoleros- habrá que esperar el paso del tiempo, cuando ya será muy tarde para hacer una predicción, mejor dicho, cuando esta ya se haya convertido en una retrodicción. ¡Sí señor!

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: