14 de abril de 2024

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 Autor: Rafael R. Ramírez Ferreira

¿Locura mía? no, porque nada

es tan absurdo

que no pueda ser cierto.-

Muchos temas diversos, todos de gran importancia para el país y muy a pesar de que la gran mayoría reconocemos las buenas y efectivas acciones del gobierno, no podemos permanecer impasibles, con los brazos cruzados, esperando que caiga el maná del cielo, porque donde quiera se cuecen habas. Muchos teóricos –como siempre-, engrampados en los estamentos del Estado, conocen muy bien los vastos problemas, el poco tiempo y recursos para resolverlos pero, se comportan como si fueran un gusano de seda, en cuanto a que tienen ojos pero no ven; tienen alas, pero no vuelan.

Es lo que acontece con el gran problema de la inmigración haitiana hacia nuestro territorio en las últimas décadas, pero que la mala, acomplejada y cobarde política sobre esta inmigración, no ha permitido ponerle coto, aunque eso sí, han proliferado las acciones mediáticas aduciendo siempre que ese problema es mínimo, inexistente en la mayoría de las ocasiones y hasta el contrabando desborda el manto-mediático que trata de cubrirlo, ignorarlo o minimizarlo, ya que siempre se habla de blindaje, pero el falso protagonismo es quien manda.

Hasta hace un tiempo, era difícil encontrarse con estos –haitianos- en los semáforos, pidiendo o vendiendo chucherías, ahora, quien debería ver, no ve, o al parecer parece estar desubicado en que no está en un tribunal defendiendo los derechos de algún ilegal sino, en el lugar de quien tiene el mando para corregir esta situación.

Todo esto, sin hacer alusión al real peligro que esto concita, porque anteriormente venían a trabajar, tanto en los cañaverales como en la construcción, hoy, lamentablemente, es la juventud haitiana la que colma nuestros espacios, los que no vienen a trabajar sino, a buscar lo fácil y que deje más económicamente, sin importar los métodos. Pero, reitero, nadie habla de este problema.

En realidad, somos un pueblo pacífico y la defensa ha sido nuestra estrategia principal, aunque al parecer, esto se ha interpretado como cobardía para hacerle frente al problema que solo nos atañe a nosotros, ya que, ningún organismo de los llamados ayudar –no hacer negocios con la miseria de ese pueblo- solo le hacen caso cuando políticamente les conviene, en tanto, toda la carga nos la dejan a nosotros. Incluyendo en estas acciones, a grupos políticos y negociantes dominicanos, para los cuales, el caos, es su conveniencia.

La frontera, lugar donde supuestamente comienza la Nación dominicana, cabe muy bien dentro de aquellas cosas, donde las teorías y los teóricos se y han proliferado para bienes espurios, utilizando tapaderas vergonzosas, iniciando por los políticos –muchas veces elegidos por esos mismos haitianos ilegales- sin dejar atrás a los militares,policías y todo tipo de ¿autoridad? Porque bien sabido es, que no hay contrabando donde no exista la complicidad de las mismas, como ese del ajo y las bebidas alcohólicas, sin dejar de referirnos a los combustibles, claro está.

Luego vienen los famosos operativos y como por arte de magia aparecen las mercancías, pero, cómo entraron y por dónde; quien las introdujo y lo más importante, ¿quién las patrocinó? Pero continuamos todo el tiempo en reformas, utilizando los mismos métodos, cuyo origen provienen desde la dictadura de Trujillo, esperando resultados diferentes y específicos, a pesar de que hemos tenido otra dictadura, aunque precedida de la palabra democrática.

Y qué bueno que estamos en reformar, actualizar, hacer eficiente y modernizar pero, hay que salir primero de los pasmarote que se anidan en lo profundo de las instituciones que no permiten ningún tipo de avance profesional y por eso, tendremos que continuar para hablar primero de la Policía Nacional, ya que, una de las primeras medidas seria limpiar los rangos, porque en ese organismo,  se necesitan mucho más indios que caciques. ¡Sí señor!

 

 

 

 

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