18 de mayo de 2024

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

Si usted está en compañía de

un bandolero y guarda silencio,

usted es un bandolero también.

Proverbio húngaro. –

Prácticamente, nadie se abstiene de opinar o participar de una u otra manera, en la hoy famosa guerra ruso-ucraniana,aunque más que guerra, parece un atraco a mano armada en gran escala,so pretexto de triviales problemas económicos, esto,simplemente, por el hecho de hacer sentir su opinión o su sapiencia sobre la misma, pero, solo son opinadores de hechos y circunstancias que a otros les interesa presentar como hechos reales y por ende, la causa de la misma y sin percatarse, de que las demás guerras, como la psicológica o mediática, causan tantos daños como los enfrentamientos bélicos, ya que,la primera víctima en toda guerra, es la verdad.

Me niego a opinar sin bases sólidas sobre lo que expreso y hasta lo considero una desfachatez, a pesar de que esto último es muy común en estos tiempos,” porque al salir de ciertas bocas, la misma verdad, tiene mal olor”.

En las guerras, cual que esta sea, siempre existen diferentes intereses y donde las batallas son continuas, todo lo cual nos lleva a vivir cautivos dentro de un guerrear cotidiano.

O que decir del padecimiento de la guerra inmoral, aquella que conduce a lo económico, con las leyes que producen la gran mayoría de nuestros “honorables” para favorecer intereses de aquellos insaciables, tanto de poder como de dinero y que, de todos, es conocida su incapacidad para hilar un solo pensamiento de cabo a rabo, ya que, para ellos, este es un lujo demasiado caro para poder poseerlo.

La peor guerra que libramos es la propaganda engañosa, aquella cuya procedencia lo más que se llega a ver es el gris que la cubre, como está ocurriendo con la guerra ruso-ucraniana o como a diario vemos en nuestro habitad, donde cosas tan pedestres como el factor humano se difumina en la bruma del olvido, donde para que esto suceda, solo hay que darle a cualquier activista defensor de los más desposeídos, una poltrona para que olviden la causa por la cual supuestamente luchaban, verbigracia, los dirigentes chóferiles, por ejemplo.

Y es que el deber de ejercer el mando, sin importar las condiciones con las cuales fue adquirido, no es una abstracción, es una pura realidad de responsabilidad que está por encima del compadreo o las promesas de campaña, por lo cual, hay que proceder en conciencia y sin temor a las malquerencias que se puedan generar, sin importar su origen.

Y sostengo, que por encima de las propagandas grises para imponer o sostener un engaño o un acto delictuoso que vaya en contra de los sostenes de la Nación, la lealtad de un pueblo hacia quienes lo gobiernan, para sostener la gobernabilidad y la institucionalidad de los organismos del Estado, debe estar, solamente, fundamentada en dos cosas; la ley y el honor de los que mandan y los mandados.

Ahora nos abruman, por un lado, con una guerra sustentada en una propaganda sucia con el fin de distorsionar hechos que eran conocidos por todos, donde el “héroe” no estaba, pero si estaba; no conocía, pero, si lo conocía, donde pretenden imponer que los orígenes y el tigueraje, en la mayoría de los casos, no puede ser borrado sin importar la cantidad de dinero y que el narco es eso y el tigre es solo eso y que, en ambos, como cáncer encapsulado, con cualquier descuido en la defensa, salen a flote.

No basta con tratar de desacreditar lo que está confirmado, solo por el hecho de que un “blanquito” para ganarse un dinero, haga su propia historieta. Se entiende, ¿verdad? ¡Sí señor!

 

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